Los ojos al fin se han abierto
y las serpientes que me rodean
no son mas que mis cabellos

que danzan al compás de mis tinieblas
Su luz me ciega
no soporto su mirada
me retuerzo entre las sombras
y vomito otra vez un as de espadas
El suelo comienza a desmoronarse
me aferro a las zarzas de su entrepierna
pero el nuevo dios que nace
con sus lagrimas me suelta
Y otra vez me hallo
en el ojo de la tormenta
mientras sus risas golpean
el telar de mi conciencia
Desentierro con mis manos
la antigua hacha de guerra
y hambriento voy tras su olor
la eterna diosa es mi presa
Apago la sed que me mata
en el profundo manantial que hay en mi alma
y puedo notar tras la espesura
los ojos misteriosos de mi amada
Mas cuando me levanto
y voy tras ella
el bosque por entero
arde en llamas
Y vuelvo a consumirme en mi incendio
y vuelvo otra vez a evaporarme
y vuelvo a nublarme la mirada
mientras voy disolviéndome en la esencia de la Nada